Tratamiento de grupo con hombres maltratadores

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Tratamiento de grupo con hombres maltratadores
Miguel Ángel Cueto. CEPTECO. Psicólogo del Programa.
Nicolás Merino. CEPTECO. Psicopedagogo.

 

Desde el año 2001, la Junta de Castilla y León, a través de la Dirección General de la Mujer, está llevando a cabo diversas actuaciones en contra de la violencia de género para favorecer la protección e integración sociolaboral de las mujeres víctimas de este tipo de violencia. Desde el año de puesta en marcha de este proyecto hasta marzo de 2006, más de 600 mujeres y casi 50 menores han recibido atención psicológica en los diferentes servicios que la Junta tiene como se observa en la siguiente figura.

A partir del año 2005 se amplia este servicio creando el tratamiento psicológico anual dirigido a hombres que ejercen la violencia contra las mujeres y al que se denominó Programa Fénix. Este hecho responde a la perspectiva integral que persigue el programa de atender no sólo a las víctimas, sino también a los agresores con un doble interés: evitar la reincidencia y favorecer su integración. Este tipo de recursos hacia la rehabilitación psico-social de los maltratadores a través de programas de intervención psicológica, constituye una alternativa eficaz que tiene beneficios no sólo para ellos mismos, sino, especialmente, para las personas maltratadas, la familia y la sociedad en general. Hasta la fecha, nosotros hemos trabajado con 16 agresores.

Objetivos y características del Programa Fénix.

Los destinatarios son varones de Castilla y León que manifiesten problemas de agresividad y violencia en la convivencia dentro del hogar y que, voluntariamente, quieran cambiar sus actitudes y conductas. La intervención suele llevarse a cabo de forma individual, aunque se ha realizado terapia grupal con siete de ellos. En general, los objetivos de este programa de atención psicológica a maltratadores son:

  • Terminar con la violencia física, psicológica o sexual.
  • Fomento de los sentimientos de responsabilidad y autocontrol.
  • Desarrollo y mejora de habilidades de comunicación y conducta asertiva.
  • Disminución del aislamiento social.
  • Comprensión del impacto que tiene la agresión en la víctima.
  • Aumentar en el usuario el sentido de responsabilidad de su conducta agresiva.
  • Ayudarle a desarrollar relaciones interpersonales basadas en la estima y el respeto.
  • Toma de conciencia de la relación existente entre la violencia hacia las mujeres y la educación recibida.
  • Promover la flexibilización de los roles de género estereotipados.
  • Revisar creencias culturales que contribuyen a legitimar la violencia.

La duración de la terapia ha sido de un año con dos sesiones de seguimiento, una a los seis meses de terminar el tratamiento y otra al año. Los aspectos que se trabajaron con los agresores fueron los siguientes:

  • Área conductual: control de impulsos, de la ira y conducta pública versus privada.
  • Área cognitiva: razonamiento moral, procesamiento cognitivo, resolución de problemas, toma de decisiones, distorsiones cognitivas, manejo del estrés.

Área afectivo-relacional: empatía, expresión emocional, celotipias, autoestima, habilidades de comunicación, negociación versus agresión

Datos de la intervención y de los agresores.

Hasta abril de 2006, CEPTECO (Centro Psicológico de Terapia de Conducta) había atendido un total de 16 usuarios, de los cuales 14 procedían derivados de instituciones penitenciarias, uno de una Asociación y otro por consejo de su pareja.
De los 14 que procedían de instituciones penitenciares todos ellos habían sido condenados por violencia doméstica (6 con condenas inferiores a los 6 meses, 5 con condenas que comprendían de 6 meses a un año y 1 con una condena entre 1 y 2 años) y se les conmutaba la pena por recibir tratamiento psicológico con carácter ambulatorio. No disponíamos de datos de 2 de ellos y otro más se incorporó más tarde a la intervención y no lo hemos incluido en nuestros datos.

En cuanto a los agresores, la edad media se establecía en los 40 años y medio, 9 de ellos estaban solteros, 5 casados, uno viudo y otro separado. Sus niveles de formación oscilaban entre los estudios primarios, la formación profesional y el bachiller. La mayoría de ellos (13) tenían trabajo, sólo 2 estaban en paro y uno jubilado.

Con los datos recogidos de los usuarios, se establece un perfil de varón, de nacionalidad española, de 40 años y medio de edad, con estudios primarios y trabajo. Han mantenido con su pareja entre 5 y 10 años de convivencia. Han agredido o amenazado a su pareja y no poseen ningún trastorno mental grave pero sí usan estrategias agresivas y les cuesta controlar sus impulsos (ver tabla siguiente).


N = 16

Nº de casos........................... 16

Aptos..................................... 11

Derivados................................ 2

No aptos.................................. 3

Edad media

40,5 años (25-70)

Estado civil

Soltero..................................... 9

Casado.................................... 5

Viudo....................................... 1

Separado................................. 1

Nacionalidad

Español................................. 14

Argelino................................... 1

Portugués................................ 1

Nivel de formación

Estudios primarios................... 9

Formación profesional.............. 4

Bachiller................................... 3

Situación laboral

Trabajando............................. 13

En paro.................................... 2

Jubilado................................... 1

Tipo de maltrato

Agresiones............................... 9

Amenazas................................ 5

Insultos.................................... 2

Años de relación en la pareja

Menos de 5 años...................... 9

Entre 6 y 10 años..................... 2

Más de 10 años........................ 5

Tabla 1. Datos sobre agresores n = 16

Intervención en sesiones de grupo.

Dentro de la intervención con los hombres maltratadores, mediadas las sesiones individuales, se establece una intervención de terapia grupal que presenta las siguientes características:

  • Se realiza como complemento de las sesiones individuales.
  • Opción positiva para lograr que los agresores se responsabilicen de las agresiones cometidas. Es una vía de solución de problemas y de toma de conciencia conjunta de la conducta violenta.
  • Se evita que hagan uso de estrategias psicológicas que alejen al agresor de su conducta agresiva, tal como la negación u olvido del problema, la minimización o justificación del mismo y la atribución externa del problema a la mujer, a factores externos (tales como el estrés, problemas en el trabajo…) o a factores personales (como ser incapaz de controlar sus acciones en situaciones conflictivas).
  • Generar expectativas de solución del problema, intentando que se involucren activamente en el tratamiento.
  • Hemos trabajado con dos grupos, formados por cuatro y tres varones, respectivamente, entre los 33 y los 59 años, uno de ellos de étnia gitana.
  • Todos residen en León capital y provincia y acuden derivados por los Servicios Penitenciarios o por consejo de su esposa.
  • En la actualidad, tres de los participantes siguen conviviendo con sus parejas, el resto ha abandonado el domicilio familiar.
  • Se planifica en 12 sesiones de grupo de forma quincenal y de hora y media de duración.

De igual forma, se establecen una serie de objetivos a cubrir con la puesta en marcha de esta metodología grupal. Estos objetivos, así como unas normas básicas de comportamiento, se establecen y explicitan en la primera sesión con los usuarios. Los objetivos serían los siguientes:

  • Practicar y apoyar a las sesiones individuales.
  • Modificar los valores masculinos tradicionales.
  • Entrenar habilidades de autocontrol emocional.
  • Entrenar habilidades sociales y de comunicación.
  • Manejar el estrés eficazmente.
  • Tomar conciencia y responsabilidad sobre las agresiones realizadas.
  • Aumentar el apoyo social y prevenir las recaídas.

Teniendo como punto de referencia en nuestra intervención un paradigma cognitivo-conductual, se han llevado a cabo con los usuarios dentro de la intervención grupal, una serie de actuaciones encaminadas a conseguir los objetivos anteriormente descritos a través de las estrategias especificadas en la

Tabla 2.
Tabla 2. Estrategias de trabajo en grupo

  • Evaluación funcional de conducta violenta.
  • Tipos de comunicación: agresiva, pasiva y asertiva.
  • Entrenamiento en habilidades sociales:
  • Hacer un halago.
  • Hacer una queja.
  • Asertividad y derechos y técnicas asertivas (disco rayado, banco de niebla, interrogación negativa…).
  • Decir “no” y aceptar una crítica.
  • Entrenamiento en la toma de decisiones.
  • Estrategias de autocontrol emocional.
  • Respiración, relajación progresiva y visualización.
  • Tiempo fuera.
  • Ejercicio físico.
  • Autoinstrucciones y sensibilización encubierta.
  • Cambio de las creencias irracionales hacia creencias racionales.
  • Identificación y racionalización de los errores cognitivos.
  • Control de pensamientos recurrentes.
  • Identificación y racionalización de los micromachismos ejercidos por los varones.
  • Comportamiento predictivo de éxito en una pareja.
  • Prevención de recaídas, generalización de los cambios y revisión de los logros obtenidos.

 

Resultados y conclusiones de la intervención grupal.

Todavía es pronto para presentar unos resultados del programa de la intervención grupal, pero podemos afirmar que propiciar un apoyo terapéutico y enseñar conductas de respeto hacia la pareja es un buen método para mejorar la calidad de vida del propio maltratador y su entorno familiar y social.

Nuestra breve experiencia nos indica que, después de una resistencia inicial, los agresores suelen reconocer sus errores, intentar modificar formas de comunicación inadecuadas y buscar salidas de respeto ante sus parejas. Además, suelen mejorar en la comunicación con sus hijos y entorno, lo que redunda en una relación familiar más estable y estructurada. No obstante, este programa está en revisión últimamente debido a que los servicios penitenciarios están actualmente derivando a hombres condenados por violencia de género a una entidad diferente.

A pesar de las críticas por parte de algunos sectores por detraer parte del presupuesto que tendría que ir destinado a la mujer a la rehabilitación de los maltratadores, ello no impide reconocer que trabajar la terapia psicológica con los hombres para la prevención de la violencia de género, contribuye en buena medida a erradicar esta lacra porque se trabaja con el origen del problema, independientemente de donde vengan derivados los hombres violentos, si bien es cierto que resulta mucho más difícil, inicialmente, trabajar este tipo de conductas con personas que no acuden al psicólogo voluntariamente, si no derivados del poder judicial.

Una estrategia usada sistemáticamente durante las sesiones de grupo fue la visualización de breves escenas de películas para ejemplificar modelos desajustados y ajustados de la relación de la convivencia y comunicación en la pareja. Se pretendía poder enseñar tipos de violencia y formas de resolver conflictos de relación mediante modelos. Este aprendizaje por modelado procuraba comentar roles ajustados y desajustados de la convivencia en pareja, haciendo que la comprensión fuera sencilla, se usara como apoyo a la discusión y empatía, como estímulo para generar respuestas semejantes o contrapuestas al modelo, ajustar una autocrítica desafectada y una mejor comprensión de las variables emocionales aparejadas en las observaciones.

Aunque las conclusiones finales las haremos una vez haya transcurrido el periodo de seguimiento en base a diversas pruebas psicométricas pre y post-intervención comparándolas con otro grupo que no recibió atención grupal, podemos afirmar que los sujetos que han participado en las sesiones de grupo modificaron su reticencia inicial a valorar su problema socialmente, se apoyaron mutuamente en crisis puntuales durante la intervención y pudieron aprender, a su vez, de modelos ejemplificados unos de otros, de la vida real y de los que su propio devenir les generaba. Incluso, dos usuarios continuaron dicha intervención en grupo voluntariamente a pesar de haber transcurrido el tiempo necesario de la intervención pautada con el fin de apoyar y apoyarse en un proceso de mejora de la convivencia con su pareja. Hasta la fecha, ninguno ha vuelto a ser denunciado por maltrato de género ni por otros delitos. Los que mantenían las relaciones con sus parejas, han mejorado la relación y sus esposas nos confirman el cambio que han tenido hacia un mayor respeto hacia ellas, una mayor expresión emocional, mejor carácter y un mejor control de sus emociones. Esperemos que esa evolución se mantenga en el futuro.

Finalmente, creemos que sería necesario no esperar a que una persona fuera violenta y haya una víctima para intervenir, habría que trabajar más con la prevención, desde la infancia, en la escuela, en la familia, en los medios de comunicación… utilizando formas de defensa desde la “no violencia”, solucionando los problemas desde una perspectiva negociadora, castigando socialmente las conductas violentas, desde la tolerancia y la comprensión, y enseñando a resolver los conflictos sin usarla..